HISTORIA

Breve Bosquejo

ANTECEDENTES: La Habana (Cuba)

El 8 de septiembre de 1877, festividad de la Virgen de Covadonga, se constituye solemnemente la SOCIEDAD ASTURIANA DE BENEFICENCIA, a ejemplo de otras asociaciones regionales de emigrantes.

Durante los años 1884 y, especialmente 1885, los municipios de Tineo, Cangas, Allande y otros del occidente, sufren espantosa miseria y pobreza, merced a las paupérrimas cosechas, sumándose alarmantes brotes epidémicos de tifus y viruela. La situación es desesperada y, aunque la ayuda del resto de la región llega, es muy insuficiente.

Las noticias pronto llegan a La Habana, formándose presto Juntas de Socorro quienes, además de recabar ayudas individuales, dirigen sus ruegos a la SOCIEDAD ASTURIANA DE BENEFICENCIA. Con una demora de tres meses, el 7 de marzo de 1886, la Junta General de la Sociedad deniega el socorro solicitado, tras una tumultuosa, acalorada y discrepante reunión.

“El Heraldo de Asturias”, diario editado en Cuba y de gran influencia entre los asturianos, en un artículo titulado “La Solución” publicado el 21 de marzo de 1886, critica con dureza a la SOCIEDAD ASTURIANA DE BENEFICENCIA y propone claramente la fundación del CENTRO ASTURIANO; “a grandes males, grandes remedios” concluye el artículo.

El 2 de mayo, cincuenta asturianos se reúnen y asientan las bases del futuro CENTRO ASTURIANO, y los días 5, 6 y 13 de junio, se debate y aprueba el reglamento de la Asociación. El 24 de junio se celebran las primeras elecciones para Junta Directiva, resultando elegido presidente el Excmo. Señor D. Diego González del Valle. “¡El Centro Asturiano era ya una realidad!”.

Los años siguientes son tiempos de gran crecimiento y desarrollo del CENTRO ASTURIANO DE LA HABANA. 1897 y 1898 son años convulsos que culminan con la independencia de la isla, y de los que tampoco es ajeno el propio Centro. Superada la crisis, nuevamente la asociación emprende el vigoroso camino de la expansión con el aumento de socios, nuevas instalaciones y servicios a los asociados, así como la creación de delegaciones no solo en la propia Cuba, sino también en el vecino EEUU, como la de Tampa. El 24 de octubre de 1918, se incendia y queda totalmente destruida la sede central de La Habana. Tras la zozobra e incertidumbre inicial “los socios del CENTRO ASTURIANO, henchidos de fogoso patriotismo, quieren un palacio digno de glorificar a España en tierra extranjera, y de embellecer el país en que amorosamente convivimos”. Y a fe que lo consiguieron, pues aún hoy, cien años después, el “Palacio Asturias” es uno de los más bellos, sino el que más, de La Habana; contaba el Centro en ese año con más de 45.000 socios.

Corre 1910 y la Sección de Inmigración del Centro presenta a la Junta Directiva un informe sobre la necesidad de constituir una delegación especial en Gijón para que, entre otras cuestiones, atienda a los emigrantes que se embarquen en el Musel y ayude a los que regresan a Asturias. Y es así como en 1911 se constituye oficialmente la Junta de Emigración, incipiente precedente del más amplio y completo proyecto de construcción de un sanatorio.

La Primera Guerra Mundial sumerge en profunda crisis a todo el orbe. Cuba arroja al mar cantidades ingentes de azúcar incapaz de venderla; el paro, la hambruna y la enfermedad abundan por doquier y, mientras las sociedades de emigrantes descienden en el número de sus socios, el CENTRO ASTURIANO crece hasta sobrepasar en 1919 los 51.000 socios, si bien vuelven a descender a poco más de 45.000 en los años siguientes.

Podemos decir que es en 1922 cuando se da el impulso clave para la creación de un sanatorio en Asturias con la visita de D. Francisco García Méndez, administrador de la Quinta Covadonga, quien giraba visita a su tierra en pos del descanso físico e intelectual, y que aprovechó para contactar e interesar a los medios de comunicación, Diputación Provincial, políticos, caciques y a todo persona influyente que pudiera aportar y apoyar el loable proyecto de recoger y amparar a los enfermos tuberculosos que regresaban sin recursos a su tierra, evitando así la transmisión de su dolencia al entorno familiar y vecinal al carecer del necesario aislamiento y de los cuidados profilácticos indispensables.

Es 1926, los asturianos de Cuba discuten sobre la actuación de la Delegación de Gijón sin llegar a un acuerdo de uso y destino. Es entonces cuando se plasma y se acuerda la construcción de un sanatorio en Asturias y la creación de la Delegación de Asturias en Oviedo. El entusiasmo, la colaboración y las aportaciones dinerarias son espléndidos.

Los cerca de 60.000 socios con que cuenta el Centro apoyan las gestiones de la Junta Directiva y viven intensamente los avatares que durante 1927 se producen hasta culminar en la compra de los terrenos en el Monte Naranco (escritura del 7 de julio) donde “serán edificados los pabellones de la naciente Casa de la Salud”. Todos contribuyen a tan altruista fin: emigrantes en Cuba, Tampa, Argentina, Uruguay, la Diputación Provincial de Oviedo, ayuntamientos asturianos, entidades privadas, particulares, en fin, el proyecto no está solo, concita fervorosos aplausos y unánimes simpatías, ya que lo que el “Centro Asturiano de la Habana pretende es ofrecer a los emigrantes retirados y a los que se les adhieran un acogedor lugar de cultura y recreo, un amoroso muelle refugio si lo apetecen y necesitan en las horas tristes de enfermedad y abatimiento. Y por sobre todo eso, que es tan humano y fraterno, el proyecto básico, la intención máxima, el santo empeño del Sanatorio que evite el éxodo luctuoso de los tísicos regados por aldeas y quintanas, por ciudades y villas, de cuantos tornan de Cuba a aquellos pueblos de égloga y salud minando su organismo por crueles enfermedades”.

Entre todas las aportaciones, destaca especialmente la de Dª Concepción “Concha” Heres, viuda de don Manuel Valle, presidente y gran impulsor del Centro en sus inicios, que se ofrece a abonar de su peculio particular la construcción de un pabellón que deberá llevar el nombre de su inolvidable marido, con una aportación de 500.000 pesetas de la época. Este pabellón, que aparece en algunas fotografías, fue derruido, tal era el estado de deterioro causado por la guerra. Un busto en mármol de Concha Heres preside la principal avenida del Club de Campo del Naranco que lleva el nombre de tan insigne benefactora.

En 1928 se adquieren nuevos terrenos, se inician obras de acondicionamiento y se aprueba el proyecto de construcción, obra del arquitecto ovetense Vidal Sáinz Heres, colocándose la primera piedra el 28 de octubre de 1929 bajo el madrinazgo de doña Concha Heres, a la sazón nombrada Presidenta de Honor del Centro, piedra procedente de las canteras cubanas y que hoy se puede ver en el actual edificio social del Naranco, originariamente bautizado como pabellón “Cuba”.

El crack de 1929, afecta también a la emigración y aunque las obras siguen a ritmos dispares, la inauguración prevista para 1932 y luego en 1933, se pospone para el 12 de octubre de 1934. Vano intento, la revolución de 1934 lo impide, si bien los militares lo habilitan para atender a los heridos de la contienda.

Durante un breve periodo de tiempo atiende a cincuenta enfermos de tuberculosis, además de realizar algunas intervenciones quirúrgicas y atenciones varias en el pabellón Manuel Valle, cuyos servicios clínico-quirúrgicos se habían inaugurado el 30 de agosto de 1935. Finalmente, la guerra civil terminó con el proyecto al sufrir gravísimos deterioros los pabellones a consecuencia de los bombardeos recibidos, rematando toda posibilidad de recuperación el triunfo de la revolución castrista, tanto con la incautación de los bienes del Centro, como de tantos emigrantes que, con sus generosas aportaciones, hicieron posible el desarrollo y realidad del Centro Asturiano de la Habana y su ingente labor social desarrollada.

Hasta ahora hemos hablado siempre del gran proyecto del sanatorio en las laderas del totémico monte ovetense, más la sede primigenia de la Delegación de Oviedo sigue estando, prácticamente, en el mismo lugar que hoy ocupa, ya que al local de alquiler de la calle Milicias se le unió en propiedad del Centro el local primero de la calle Uría nº 18, dando así respuesta a las necesidades de espacio que el aumento de socios, servicios y actividades requería.

TRANSICIÓN E INDEPENDENCIA

La guerra y la dura posguerra tampoco son ajenos a la delegación ovetense del Centro, pero el tesón, el coraje, el espíritu de los casi doscientos socios al finalizar la contienda, les lleva a retomar las actividades y a captar nuevos asociados hasta sobrepasar los 3.000 en 1943.

Si bien la prestación de los servicios de medicina son los más demandados, éstos se complementan con biblioteca, actividades culturales, prensa diaria, revistas, juegos y deportes de salón, fiestas y bailes, bar, etc.

Aunque dependiente de su matriz en la Habana, la relación entre la Delegación de Oviedo y la central no pasan por el mejor momento, hasta el punto que a la subdelegación de Gijón, dependiente de Oviedo y que mantenía con ésta discrepancias varias y situaciones de rebeldía, le es otorgada el 1 de septiembre de 1949 la condición de Delegación y la consiguiente independencia de la ovetense, a la que seguiría la de Avilés el 20 de agosto de 1959.

De suma trascendencia será la promulgación en La Habana el 16 de octubre de 1949, de los estatutos o Reglamento General y la constitución oficial de la Delegación del Centro Asturiano de la Habana en Oviedo, documento presentado en el Gobierno Civil de Oviedo para su inscripción en el Registro de Asociaciones el 10 de octubre de 1951.

La década de los cincuenta son años muy difíciles, la constante disminución de socios y el consiguiente desequilibrio presupuestario colocan al Centro en una muy precaria situación que culmina en 1959 con la independencia de la subdelegación de Avilés. Aunque hubo alguna propuesta de venta, cercenada desde la central en la Habana, las directivas miran a la finca del Naranco sabedoras de que en ella puede estar el futuro de la asociación mediante la creación de un parque de recreo.

Y en esto llegó Fidel. El 1 de enero de 1959, Fidel Castro entra con sus tropas en La Habana, lo que, en el futuro, supondrá la práctica desaparición del Centro Asturiano de la Habana. Mientras, la delegación del Centro en Oviedo comienza a adecuar la finca del Naranco, primero recuperando aquellas parcelas arrendadas a terceros para su explotación agropecuaria y siguiendo con el cierre del linde con San Miguel de Lillo, aguaducho y otros arreglos que facilitasen el uso de los asociados. Por primera vez se habla de dotar a la finca con instalaciones deportivas (piscina, tenis, fútbol, etc.), área infantil, rehabilitar uno de los pabellones, incluso la adecuación de terrenos para instalar un camping, así como realizar gestiones para que los autobuses urbanos llegaran hasta la finca; providencial visión la de la junta presidida por D. Ramón Ruiz Álvarez. Paralelamente, el Centro se abre a la sociedad ovetense en particular y asturiana en general, colaborando con instituciones benéficas, Universidad de Oviedo, Ayuntamiento y celebrando actos culturales y recreativos en los que no sólo participan sus socios, sino todo tipo de público interesado.

Pero para los terrenos del Naranco no sólo miran los directivos y socios de la delegación de Oviedo, también lo hacen desde las delegaciones de Gijón y Avilés, convirtiéndose en fratricida disputa que es saldada por la intervención directa de la central habanera que, con resolución del día 20 de octubre de 1960, acuerda que “sea la propia Delegación de Oviedo quien administre los bienes del Naranco”.

La revolución castrista se consolida, las instalaciones del Centro Asturiano de La Habana son muy apetecibles, lo que unido a discrepancias internas entre dos facciones de socios, lleva al Gobierno Revolucionario, por medio de la resolución nº 484 del Comisionado Provincial, a destituir a la junta directiva del Centro, las secciones y demás organismos direccionales o gobernativos del Centro, así como suspender transitoriamente las atribuciones de la Junta General de socios. La citada resolución designa también al Comité de Integración Revolucionaria que asumirá el gobierno del Centro, constituyendo el principio del fin del Centro Asturiano de La Habana. La comunicación, fechada en La Habana el 19 de abril de 1961, plantea una situación inesperada e inédita para la delegación ovetense y aunque el asesor jurídico de ésta, el abogado Eusebio González Abascal entiende la medida como ilegal y contraria a derecho, aconseja una posición de prudencia, tal y como recomienda el gobernador civil al que también se pide consulta al respecto.

La andadura de los sesenta comienza, aparte de las estrecheces económicas, con una situación que devendrá en la independencia de la delegación ovetense e inscripción a su nombre de los terrenos del Naranco. Junto a las actividades corrientes en materia de sanidad y recreo, la delegación se esfuerza y afana en atender a los asturianos que regresan de Cuba, bien directamente, bien colaborando intensamente con la Asociación Asturiana de Beneficencia. Mientras, en Cuba, los bienes del Centro Asturiano de la Habana eran incautados y destinados a diversos fines y organismos del estado cubano. En la práctica, el Centro Asturiano de La Habana, emblema de la emigración, había desparecido.

Los emigrantes asturianos, curtidos en mil batallas por salir adelante con sus trabajos y negocios, con una visión extraordinaria cuando adquirieren a diversos propietarios los terrenos del Naranco, tanto en la escritura del 5 de julio de 1927, como en la de 3 de abril de 1928, introducen una redacción clave y de gran trascendencia en el futuro y en la que se fija que “… el Sanatorio en Asturias con la Delegación que lo gobierne y dirija se considerará como entidad independiente en el momento en que el Centro Asturiano de La Habana sea liquidado, modificado su nombre o que por medio de otra forma cualquiera sufra alteración la idea fundamental que inspiró a los fundadores de la Institución y que se encuentra debidamente expresada en los artículos quinto y octavo de nuestro Reglamento General. Cuando por cualquier circunstancia de las anteriormente señaladas, sea disuelto, liquidado o modificado el Centro Asturiano de La Habana, el terreno que se adquiere, el Sanatorio que en él se funda con el nombre de Sanatorio Asturias, aparatos y material científico, pasarán a ser propiedad exclusiva de la Delegación Central residente en Oviedo, Asturias.”

Esta condición, junto al certificado expedido en La Habana por el cónsul general de España en Cuba el 29 de abril de 1965, en el que se acredita la destitución de la directiva del Centro Asturiano de La Habana y la incautación de las propiedades del mismo, así como la total predisposición de las autoridades asturianas, va a posibilitar a la Junta Directiva presidida por D. Leonardo Rodríguez González, sastre de profesión, con el asesoramiento jurídico del abogado D. Eusebio González Abascal, registrar a su nombre los terrenos del Naranco, otorgándose escritura al efecto en la notaría de D. Enrique Linares el 28 de julio de 1965, e inscrita en el Registro de la Propiedad el día 24 de agosto. Más adelante la finca se inscribe a nombre del Centro Asturiano de Oviedo, al constituirse la delegación como asociación independiente, inscrita el 22 de junio de 1967 en el Registro del Gobierno Civil de Asturias el cambio de denominación de Centro Asturiano de La Habana, Delegación de Oviedo, por el definitivo y actual de CENTRO ASTURIANO DE OVIEDO. A partir de ahora, el Centro regirá su propio destino, roto el vínculo con su desaparecida matriz.

Las juntas directivas del Centro, además de organizar las actividades propias para los socios en materia de sanidad, culturales y recreativas, cierran definitivamente las lindes de la finca con San Miguel de Lillo, compran el primer piso del edificio número 18 de la calle Uría, al que se comunica por su interior con el local primigenio de la calle Milicias, relanzan la explanación y adecuación de la finca del Naranco para prácticas recreativas y deportivas (pistas de tenis y campo de fútbol aunque sin rematar) a la vez que acondicionan una parte del pabellón Cuba para servicios de hostelería y se obtiene la concesión a perpetuidad del agua de los manantiales “Fuente La Mina” ” y “Fuente de los Pastores”. Para que esto fuera posible, los directivos y socios pusieron en el empeño toda la voluntad de sus almas, a la vez que conseguían créditos para tales fines, uno procedente de la Caja de Ahorros de Asturias y una subvención de la Delegación Nacional de Deportes.

No fueron tiempos fáciles, al contrario, desarrollaron su trabajo en la precariedad económica, a veces, incluso con fuertes tensiones internas, mas las bases para el futuro Centro habían sido puestas tras años de esfuerzo, de trabajo, de sinsabores, pero también de ilusión y de sueños.

LANZAMIENTO y CONSOLIDACIÓN

En 1974 llega a la presidencia el abogado y más tarde alcalde de Oviedo, D. Luis Riera Posada, quien lo hace rodeado de una nueva generación de socios entre los que hay jóvenes profesionales como economistas, ingenieros, técnicos, etc.

La propuesta programática es un atractivo proyecto que pretende convertir la finca del Naranco en unas instalaciones referentes. El proyecto ilusiona no sólo a los socios, sino también a los ovetenses que, merced a una ingeniosa campaña publicitaria en la que “cada socio cumpla con la misión de captar un nuevo asociado” se asocian masivamente, ayudando también a ello una pujante situación económica del país y la carencia de instalaciones en Oviedo como las que se proponen desde la directiva del señor Riera. El tradicional déficit de socios que tanto limitaron los proyectos, empieza a desaparecer, se recupera definitivamente el pabellón “Cuba” para uso social, se amplían las pistas de tenis a seis canchas, se construyen dos piscinas, vestuarios, una pista de hockey sobre patines, así como otras para otros deportes, se termina el campo de fútbol, se mejora el acceso rodado, se construye un nuevo depósito de agua, etc. etc.

Además de instalaciones, tan necesarias para acoger a los socios, se programan todo tipo de actividades culturales, deportivas, lúdicas y recreativas.

Desde entonces, con los sucesivos presidentes (D. Angel Villanueva Diego, D. Pedro Pascual Díez Suárez, D. Manuel Peliz Iglesias y D. Alfredo Canteli Fernández) y sus correspondientes juntas directivas, el Centro se abre a la sociedad, llegando alcanzar los 22.000 socios; su crecimiento y desarrollo, tanto en instalaciones como actividades no parará hasta nuestros días, aspectos estos que trataremos en otros capítulos, situando al Centro Asturiano de Oviedo a la cabeza de los clubes de España de sus características.

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